Hace unos días, Enrique Dans escribía un post acerca de la medida que el gobierno británico piensa poner en marcha para obligar a las grandes multinacionales a pagar los impuestos correspondientes a su volúmen de negocio dentro del Reino Unido. En esencia, se trata de una medida encaminada a evitar que por medio de prácticas cierto que legales, las grandes compañías, tanto tecnológicas como de cualquier otro tipo, deriven el pago de impuestos hacia países con fiscalidades más ventajosas para sus intereses. Es decir, en este caso, que la carga fiscal que habrían de soportar en un país como Gran Bretaña (de acuerdo a su volúmen de negocio en este país) se minimice mediante el uso de filiales.

Fiscalidad

La medida del gobierno británico iría encaminada a, en caso de detectar que una compañía está abusando de estas posibilidades legales, realizar un cálculo del negocio real que esa compañía tiene en el país y aplicar automáticamente una tasa fiscal del 25%. Es decir, en vez de usar de la represión, aplicar un cambio legislativo que penalice el abuso de unas posibilidades legales a las que se les pone límite.

Como se ha podio ver en medios y programas de televisión, éste no es un problema sólo británico, sucede en toda Europa y España no es una excepción (aunque aquí sólo se ponga el acento sobre Google, Facebook, Microsoft o Apple, sin que nadie sospeche o quiera sospechar de las grandes empresas españolas, quizás porque alguien quiere desviar la atención…), pero parece que, de nuevo, algunos países hemos decidido seguir yendo a la zaga…

Pero mientras que en el post del que hemos hablado y en esas informaciones que han salido en los medios españoles el acento se pone en la fiscalidad, es decir, en que, aún siendo legal, el porceder de las multinacionales supone un agravio para el resto de contribuyentes de un país concreto, que proporcionalmente hacen un enorme esfuerzo para aportar recursos a una sociedad de la que reciben ciertos beneficios, yo quiero hablar de otro aspecto que me parece esencial, especialmente en el ámbito técnológico:

Tecnológicas, fiscalidad y competenciaLa Competencia

Y es que el uso que hacen estas grandes empresas de esas opciones de fiscalidad internacional suponen para ellas una ventaja artificial dentro de los distintos mercados, ya que, frente a otras empresas del sector, más pequeñas y por lo tanto sin capacidad para utilizar de esos mecanismos, evitan unos costes fiscales que pueden utilizar para fortalecer, por la vía de un privilegio legalmente establecido, su posición en el mercado.

Esto supone una perversión de la competencia, que se agraba en el sector tecnológico. Porque ya no se trata sólo de innovar y mantenerse a la cabeza en desarrollo de productos, sino que pueden eliminar a las empresas de la competencia aprovechando estas ventajas fiscales, que les permiten un margen económico añadido al que ya tienen (en este caso sí, justamente) por su tamaño.

¿Que fomenta esto, además? Pues una tendencia creciente al monopolio, que después trata de paliarse con parches normativos varios (como las leyes antimonopolio, que puede llevar a que un juzgado obligue a fraccionar su negocio, lo cual tiene una escasa efectividad y no soluciona el problema). Es decir, que las pequeñas compañías no sólo tienen que luchar contra el tamaño y recursos de las multinacionales, sino que además lo hacen en un entorno (un mercado) cuyas leyes (en muchos casos diseñadas bajo la “presión” de esas mismas grandes compañías) les perjudican claramente, perjudicando a su vez a la libre compentencia en general.

Por esto, cuando se plantea una iniciativa legislativa como la británica no sólo, creo, se pretende repartir más justamente la carga fiscal, sino que además se busca aumentar la competencia y la capacidad de las pequeñas empresas de competir con grandes multinacionales de los distintos sectores, especielmente cuando se quiere fomentar que prime la investigación y desarrollo tecnológico sobre la creatividad fiscal.

Al contrario de lo que se dice, ésta es precisamente una norma que puede potenciar el auge tecnológico, porque reequilibrará la ecuación entre tecnológicas, fiscalidad y competencia.

Imagen by: Chris Tolworthy

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