El Social Media es mucho más que una presencia en la Red o una huella digital extensa. Es más que un entramado de sistemas y perfiles que cruzan y difunden información. Y es mucho más que compartir estados absurdos en redes cada vez menos sociales. El Social Media es una actitud y una forma de comprender la relación que se establece con los demás a través de los medios de los cuales disponemos en la Web.

Pero muchos usuarios, curiosamente algunos de ellos ya nativos digitales de pleno derecho, siguen comprendiendo al universo Social Media como el tablón de anuncios (de los suyos, en mayor medida) que alimenta sus escuálidos egos con «Me gusta», likes y retweets… Esto es todavía más evidente en las redes asimétricas.

Hago la pausa para explicar rápidamente que existen dos grandes tipos de redes sociales en cuanto a la forma de seguimiento: las simétricas (seguimiento mutuo obligatorio, es decir, acepto tu amistad y compartimos información, como Facebook o LinkedIn) y las asimétricas (no es necesaria la reciprocidad en el seguimiento, como ocurre en Twitter o Instagram).

Es en las segundas donde aquellas personas con muy poco afán social y con un complejo «divino» quedan más en evidencia: tienen 10.000 seguidores en Instagram, pero apenas siguen a 70, por ejemplo. Y no hablo de Justin Bieber o de Madonna, sino de personas tan mundanas y cotidianas como cualquiera de nosotros, pero que solo buscan el «amor de sus followers» (alguno así lo manifiesta de forma expresa), pero que no tienen ningún interés en compartir, en colaborar y en crear comunidad.

Social Media Profesional

¿Es posible que esto siga existiendo? Claro que es posible, sobre todo en una sociedad (la española) donde todavía no se comprende el real significado del Social Media, su alcance y su necesidad. Hace pocos días, una amiga pidió mi colaboración profesional en un proyecto, porque «se ha estancado» y necesitaba «difundirlo». Al preguntar ¿dónde?, ¿entre quiénes?, ¿con qué objetivo?, me miró con cara de espanto y me respondió: «no sé». Ni siquiera sabía para qué quería las redes sociales, pero las quería.

Y así pasa. Conozco muy de cerca un proyecto que podría ser maravilloso, pero que hoy en día está reducido a un tablón de anuncios (propios, cómo no) y a repetir noticias añejas. Lo peor, es que su base potencial de seguidores supera fácilmente los 10.000 usuarios, pero apenas rebasa los 500, con 3 de ellos activos por semana. ¿Por qué? Porque para qué van a invertir tiempo, dinero y esfuerzo en algo que no genera ventas directas, según dicen.

Ese es el pensamiento que actualmente limita el desarrollo profesional del Social Media y empuja al sector a las promesas falsas, a los planes chapuceros y a fórmulas mágicas que, en el fondo, nunca cumplen su cometido (salvo algún eventual golpe de suerte) pero que, en un mercado todavía miedoso ante el futuro, tienen más cabida que un verdadero plan de acción basado en objetivos claros y en un estándar profesional de máximos, no de mínimos.

2 Comentarios

  1. Me encantó la visión del social media y el análisis de como se instrumenta la herramienta, muy en línea con mi post sobre ANTI Social Media.

    Creo que falta más ejercicio de reflexión y menos automatismos. Veo constantemente más interés en hacer ruido que en escuchar, mucho soliloquio en lugar de comunicación.

    Gran artículo, gran reflexión

    • Muchas gracias, Marina. Tal como dices, nos estamos acostumbrando a la automatización de las relaciones a través de los medios digitales, convirtiendo a las herramientas en protagonistas de nuestra propia comunicación. ¡Un error que pasará factura en algún momento! Saludos.

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