El toque de queda decretado a través del estado de alarma limitará nuestra actividad a una franja horaria de seis a diez. Como era de esperar, el futbol y el deporte también se verá afectado, acotando los horarios de partido y, consecuentemente, su retransmisión en casa. Por ello, y reivindicando la expresión mental del fan de un deporte, más que nunca, toca disfrutar el futbol. 

El deporte en la “nueva normalidad”

La llamada “nueva normalidad” está dejando escenas cada vez más insólitas y extrañas en nuestras vidas. La pandemia del coronavirus supone un cambio que afecta casi sin excepciones a todo cuanto configura nuestro día a día y, en definitiva y retomando así la cuestión central, nuestra normalidad. El deporte, como era de esperar, también se ha visto afectado por las circunstancias actuales. La luz que antaño jugaba a construir los rostros de los estadios de futbol alrededor del país hoy se desploma entre las gradas sin nadie que pueda remediarlo. Razón por la que el televisor aparece como una ventana a la emoción que, además, puede completarse.

La pasión futbolística es un elemento ampliamente conocido. Pero si hoy puede haber quedado rezagada con los campos de futbol aislados de los ojos fanáticos de un hincha, esta “nueva normalidad” nos confiere salvoconductos. Durante la cuarentena, Internet se ha convertido en búnker de nuestra conexión con el mundo. Y, en el deporte, las apuestas deportivas, contando además con bonos como los de william hill de hasta 200€, un incentivo para mantenerse conectado a la magia del balón. ¿La razón? Cuando nuestro bolsillo se coordina con la posibilidad de que nuestro equipo venza y la probabilidad de ganar un dinero extra, la adrenalina fluye.

Toque de queda y estadios vacíos

La prensa ha expuesto un largo recorrido por los clubes de futbol y su actividad ante el contexto actual. Y, si bien siempre exista un cariz dramático que atañe a cuestiones como las del sueldo de los jugadores o las nuevas dinámicas de juego sin asistencia presencial, su retransmisión en diferido o en directo sigue siendo motivo de una gran audiencia. Aunque formando parte exclusiva de aquel ejercicio físico que se compagina con cierta diversión, los deportes son caldo de cultivo de una atención inmensa. Y cuando hablamos de jugadores de élite, casi héroes que atraviesan su campo de juego con gran vigor y poderío, es natural sentir admiración.

Reiniciando la actuación del gobierno, el estado de alarma ha añadido en su decreto un toque de queda que limita la actividad corriente de seis de la mañana a diez de la noche. Un factor que condicionará los eventos deportivos bajo la necesidad de avanzar las competiciones con el propósito de ajustarse a la restrictiva franja horaria de esta nueva medida. Con ello, tanto el ritual que acontece en los bares bajo el grito, la súplica y el jolgorio de los amantes del futbol, así como su disfrute colectivo entre amigos en una casa, también se ve afectado. Sin embargo, es momento de disfrutar del futbol de otro modo. Además, por el bien de nuestra salud mental.

Mente y futbol: estabilidad en tiempos de Covid-19

La experiencia nos ha acostumbrado a los partidos nocturnos que, gracias al siempre componente de tensión de la noche y el brillante espectáculo de luz de los estadios, ha contribuido a reafirmar nuestra emoción. Aunque ya sea oscuro más temprano, esto supone un cambio en nuestro placentero abordaje de la lucha entre dos equipazos. Será necesario, por lo tanto, adaptarse a este nuevo horario de retransmisión y abogar por un espíritu deportivo más comprensivo, pero también muchísimo más intenso. En ese plano, el futbol nos ayuda a proyectar nuestros sentidos y reacciones ante las derivas del mundo moderno.

Cuando se establece un vínculo entre mente y adrenalina futbolística, no todo se debe al simple fanatismo sobre un equipo concreto de futbol. Es cierto que los colores pesan, así como el abandono del equipo tradicional de una familia es casi un suceso de traición bajo pena de ostracismo familiar. Pero el futbol, y el deporte en general, tienen también un peso capital sobre nuestra gestión de la existencia. Empatizamos con los jugadores, mediante una empatía tanto positiva como negativa, porque extrapolamos nuestra propia persecución de metas al ejercicio de dar la vida por un gol. Ya sólo por eso, nuestra irritación y regocijo gozan de una firme justificación.

Tensión y cobijo

Bajo las nuevas restricciones, los jugadores también deberán tomar medidas de protección ante contagios. Especialmente, cuando el contacto físico en el deporte es una realidad que no puede gozar de omisión alguna. Tomando un ejemplo, en la liga de balonmano los jugadores deberán portar su respectiva mascarilla. Dado que el virus se transmite mediante gotículas expelidas por la tos, los estornudos, el habla e incluso el canto, un deporte como el futbol también requiere de medidas.

Cuanto a nosotros, los espectadores, la “nueva normalidad” supone ya un detonante traumático francamente importante. Sin la emoción del futbol, de los deportes, y ante la expectativa de un confinamiento gris y sin pizca de espectáculo, enfrentarse a las circunstancias será complejo. No obstante, basta con un poco de pasión futbolística, a menudo complementándola con una apuesta que nos permita un valor de tensión añadido al juego, para salvaguardarnos de este nuevo mundo. Como siempre, y ante todo, cobijándonos en el deporte que más amamos.