Seguro que muchos de los que estáis leyendo este post habéis sufrido las consecuencias de tener un troll en vuestras redes sociales o blogs. Un troll, ese ser ofensivo, molesto y en ocasiones agresivo del que vamos a hablar largo y tendido en este artículo.

¿Qué es un troll?

Empecemos por el principio. Para aquello que no lo sepáis, llamaos trolls a esos usuarios que tienen como único objetivo sembrar la discordia en Internet. Son usuarios que, a la mínima, inician discusiones y ofender constantemente a otras personas, seres insensibles, violentos, mal educados y sin remordimientos a los que les encanta la polémica, que no siguen ninguna regla ni se rigen por ninguna norma de protocolo, cortesía o responsabilidad social. Hoy en día, el fenómeno troll en las redes va en aumento.

5 formas de enfrentar un troll

  1. Para empezar, lo mejor es tener una primera toma de contacto suave y educada para intentar calmar las aguas y que la cosa no vaya a mayores.
  2. Si, a pesar de ello, el troll continúa con el tono brusco, maleducado y desagradable, debemos optar por ignorarlo. Es mejor no insultar, no responder ni mucho menos intentar razonar, ya que contra un troll tienes todas las de perder.
  3. Si el troll en cuestión está suplantando tu identidad o se está haciendo pasar ti debes reportar de inmediato el abuso y aclarar con un mensaje público que ese que escribe no eres tú. Algo así como “Yo no escribí eso; es una falsificación”. Sin más… ¡Recuerda! Intenta no enfadarte ni insultar, ya que si lo haces, el troll habrá conseguido lo que buscaba.
  4. Asimismo, te recomiendo que si crees que alguien es un troll alertes a otros usuarios sobre el mismo, ya que la única manera de vencer a un troll es haciendo público lo que es.
  5. Debes denunciar cuando el troll solo busca la provocación por diversión, cuando insulta y amenaza de forma reincidente y cuando usurpa otra identidad con fines poco claros.

Trolls y libertad de expresión

A veces cuando el troll se siente ignorado, multiplica sus ataques con el objetivo de lograr llamar la atención. En ocasiones los trolls se escudan en una mal llamada libertad de expresión para justificar sus comentarios y ataques. No os dejéis engañar por estas falacias. La libertad de expresión es muy amplia pero tiene unos límites que normalmente están marcados por el propio sentido común de las personas.

En el caso de que los ataques se dirijan a un blog, la forma de actuar es inequívoca. “Tú podrás insultarme, pero no en mi propia casa“. Por ello, si un troll no es bienvenido en mi blog puedo bloquearlo de forma que el troll ya no tenga derecho a volver a entrar.

Me gusta cómo lo explica Marina Montes y cito: Aunque lo mejor es no borrar nunca los mensajes de los usuarios, contestar y dar las gracias por la participación, hay ocasiones en las que sí que tenemos que hacerlo. Pero para que no te tachen de fascista, censor -palabras preferidas de los trolls- lo mejor es prever la situación y poner un aviso: “no se tolerarán mensajes con insultos personales y palabras soeces”, “no se permitirán comentarios despectivos hacia otras personas”, un mensaje que deje claro que si eliminamos un contenido es porque no cumple las normas cívicas del sitio.

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Empecé en el 2004, tras acabar la carrera, a trabajar como periodista. Probé la prensa escrita, la televisión y la radio hasta que en 2009 me sumergí, un poco por suerte y otro poco por casualidad, en el mundo de la comunicación corporativa, del gabinete de prensa y, cómo no, del marketing online, la publicidad y las redes sociales. Un giro que ahora, años después, veo como un gran acierto. Me sigo definiendo como periodista aunque ahora soy más marketiniana, community manager, bloggera, a ratos profesora... Lo que tengo claro es que comunicar es lo mío (siempre lo digo) así que, de una forma u otra, espero poder seguir haciéndolo muchos más años.

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