Retraso Genómico o la Paradoja de las Redes Sociales

Hoy quiero reflexionar sobre un tema que está latente en los tiempos que nos han tocado vivir: El retraso Genómico. Salgo a la calle, y me doy de bruces con varios andantes que despistados, van mirando sus teléfonos móviles en lugar del camino por el que van. Están comprobando las últimas actualizaciones de su Facebook-digital-marketing-trends, tuiteando lo que acaban de comer, revisando la última newsletter de su blog de referencia o subiendo a Instagram la última foto digna del mismísimo Cartier-Bresson.

Lo curioso, es que me sorprendo a mi mismo, cabizbajo, atado a las redes sociales que también llevo en mi teléfono móvil. ¿Igual me ocurre lo mismo a que a ellos?

Y es que en la actualidad, estamos viviendo unos días de locos, la necesidad de información por parte de los usuarios de redes sociales es máxima, y sentimos la necesidad de estar todo el día conectados.

Los informáticos que desarrollaron Internet, jamás pensaron que el primer mensaje que se envío de un ordenador a otro, desembocaría en la sociedad globalizada de la actualidad. (No te pierdas este artículo sobre el denominado “Internet de las cosas“).

¿Qué es el retraso genómico? Es un fenómeno muy curioso que la sociedad actual está sufriendo. Y en parte se debe a una auténtica paradoja de las redes sociales.

El ser humano siente unas necesidades de estar conectado de forma global con el resto de habitantes del planeta, al mismo tiempo que nuestra condición más fisiológica (genética) siente la necesidad de anclarse a un lugar local, a pertenecer a un grupo reducido.

En otras palabras, el ser humano no estaba preparado, como ser físico, para adaptarse a esta avalancha de información y a la necesidad social e intelectual de estar conectado con el resto del planeta.

Y esto a la postre, crea una tensión que en ocasiones es complicada de sobrellevar. Surge así, una angustia existencial latente en todas las personas. Una alienación del Hombre, parecida a la que se vivió durante el despegue brutal de la tecnología con la Revolución Industrial, ríete tú, del Chaplin atrapado por las fauces dentadas de las tuercas que engrasan toda maquinaria.

Con este retraso genómico, nuestra necesidad de estar conectados a nivel mundial, avanza más rápida que nuestra condición para vivir en pequeños grupos. Lo que nos lleva a una angustia vital sin precedentes. El ser humano se aísla del mundo de forma paradójica, para satisfacer así unas necesidades de comunicación que van más allá de los individuos que le rodean. El futuro ¿o es el presente? deja al ser humano marcado con una carencia de afecto que provoca buscar más allá de la gente que nos rodea, el amor o la amistad.

El futuro no vendrá en forma de naves espaciales, el futuro ya está aquí, y lo estamos consumiendo poco a poco, casi sin darnos cuenta. Sentimos una necesidad de comunicarnos con aquel follower que reside en el extranjero y que habita a miles de kilómetros de nosotros, con aquel bloguero de un foro de una ciudad que está al otro lado del mundo, al tiempo que estamos despreciando la gente que está a escasos metros.

Comienza a ser cómicas (por no decir esperpénticas) situaciones en las que un grupo de amigos está sentado a una mesa, cada uno atendiendo a lo que le sale de su móvil, sin decir palabra al resto de sus amigos. Esas parejas que disfrutan de una romántica cena publicando en tiempo real cada plato que les sirve el camarero, sin realmente disfrutar de la compañía del otro, ¿os he hablado ya de los peatones que deambulan como zombies a los que les han sorbido el cerebro? En algunas ciudades incluso están poniendo señales de tráfico en aceras y pasos de cebra, para alertar a los viandantes.

Posiblemente no sabemos el nombre de nuestro vecino, pero sí de ese amigo de Facebook al que agregamos sin conocerlo. Sentimos una extraña sensación de pertenencia a grupos globales al tiempo que deambulamos por las calles sin levantar la cabeza de nuestras pantallas, perdiéndonos lo que nos rodea. ¿Y si has dado por hecho, el viaje interior en qué se podría convertir cada paso que das en tu vida?¿Y si te acabas de cruzar con la persona de tus sueños y no le has prestado la más mínima atención?

Si estás leyendo esto, eres uno de los nuestros, así que por favor comparte en tus redes sociales favoritas.

Fuente foto: Flickr (Robert Swier)

4 COMMENTS

  1. Lorena Martínez Martínez

    Cristóbal, da miedo, da mucho miedo. El darte cuenta de que estás conectado con el mundo pero no vives realmente en ese mundo. Es un mundo paralelo creado por las nuevas tecnologías. Como antiguamente, llevabas tu cámara de carrete para inmortalizar cada segundo de tu viaje y terminabas por no vivirlo al 100%, ahora ocurre esto a nivel masivo.
    ¿Ese plato subido a Instagram, sabrá igual si no se sube?
    Genial y motivadora reflexión.

  2. Sin duda, merece la pena detenerse un minuto para reflexionar hacia donde tiende la sociedad…
    Con el este artículo os invito a ello. Gracias por el comentario Lorena 😉

  3. Juan Francisco Romero Gutiérrez

    Hola Cristóbal,

    Me siento totalmente identificado. Yo soy uno de esos que va por la calle chocandose con farolas y personas por no mirar hacia delante, sino que estoy “guasapeando” mientras camino. Las personas mayores me miran sin entender lo que estoy haciendo… 😉

    Yo reconozco que estoy enganchado. Tengo como un tick, constantemente miro mi Smartphone por si tengo algo nuevo, aunque sepa que no espero nada… Tendré que mirarmelo…

    Un saludo!!Buena reflexión!

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