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Seguro que te ha pasado. Haces clic por un titular que promete descubrirte aquel secreto de Marketing que tan secretamente ansías, aquella idea tan espectacular que hará que le brillen los ojos a tu jefe. ¿Y qué consigues? Un escaneo rápido, una lectura en diagonal y un aumento de la tasa de rebote tras una pequeña decepción. Con mucha suerte, igual lo guardas en Pocket. Aunque sabes perfectamente que jamás lo volverás a abrir.

No te enfades. Al menos la persona que está detrás de ese titular ha conseguido lo que quería. Ha conseguido TU CLIC. Sí, te ha manipulado. Pero no es culpa suya.

Todos hemos visto ofertas de trabajo en las que te proponen escribir 15 artículos mensuales por 300€. No hay nada que recriminar a esa gente que está vendiendo sus palabras y que necesita cumplir objetivos, como decía un buen amigo, tenemos la mala costumbre de tener que comer tres veces al día.

Es como la fiebre del oro. Pero ahora es la de los contenidos.

Cuando el milagro llega

No siempre es así. Hay días que no te lo esperas, y así de repente, encuentras algo realmente útil. O realmente creativo. Son las dos claves del milagro. La gente sólo te leerá por una de estas dos razones. Si no vas a solucionarles un problema (obviamente gratis), a aportarles nuevas ideas, o si no les haces pasar un buen rato y que se produzcan chispas en sus sinapsis neuronales por tu originalidad, nadie leerá tus palabras. Imagina la cantidad de palabras que hay pudriéndose en servidores en países lejanos. ¿Por qué las tuyas –o las mías– iban a ser diferentes?

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Cómo ocurre el milagro

  • Por los bullets points. Ese fantástico invento que te permite saber en aproximadamente tres segundos si te están contando algo nuevo o si es la misma historia de siempre. Yo, con descubrir una idea o una herramienta nueva entre un sinfín de puntitos, ya me doy por satisfecha.

(Inciso: Cuando no haya bullets points, desconfía o dedícale más de tres segundos. Puede ser alguien que realmente no sepa todavía cómo funciona esto de escribir en internet, o que por el contrario tenga algo que decir tan complejo e interesante que no pueda expresarlo en una enumeración. En este último caso el todo por el todo se lo lleva el párrafo de introducción, ahí se está jugando el respeto más absoluto –y el entrar en la lista de indispensables– o el desprecio).

  • Porque el que escribe sabe de verdad. No estamos hablando de esos blogs que brotan como setas (como brotaría el mío si empezara uno), sino de gente que lleva MUCHOS AÑOS y que sabe perfectamente de lo que habla. ¿Por qué se nota? Porque saben a quién se dirigen. Lo tienen estudiadísimo, y no porque hayan hecho estudios de mercado, sino porque se han puesto en su piel, sienten sus problemas y sus inquietudes, y las comparten. Probablemente hayan desarrollado seis hojas sobre los problemas de su target y quieran solucionarlos al máximo (si quieres desarrollar y ponerte en la piel de tu público te recomiendo que sigas encarecidamente a Laura Ribas).
  • Por cómo relacionan las ideas. A ti eso jamás se te habría ocurrido. ¿Hay algo más fantástico en el mundo que descubrir un nuevo punto de vista de algo que llevabas tiempo mirando? Leer eso da gusto. Pero esto conlleva o muchas horas de trabajo o una mente privilegiada y fuera del alcance de los mortales comunes.
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Podría seguir enumerando las razones sobre cómo se produce el milagro de encontrar un artículo realmente interesante entre todo el aluvión de clics que ansían nuestro movimiento de dedo sobre el ratón (tono, claridad, utilidad, originalidad, pasión…) pero uno de ellos es la concisión, y yo ya estoy pecando.

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