Por mucho que me lo expliquen, a día de hoy y viendo la trayectoria de Facebook, sigo sin comprender los motivos por los que (re)lanza Messenger.

Y mucho menos que se haga por decreto, es decir, obligando a los usuarios a utilizar esta no tan nueva aplicación, en vez de permitir que sea el fruto de una elección personal. Las imposiciones no suelen funcionar en Internet y eso explica en gran parte que la valoración de Messenger sea actualmente tan baja a pesar del elevado número (obligado) de descargas.

El incomprensible caso del sr. Messenger

Messenger por obligación

Muchos la hemos descargado por obligación, pero con todas sus funciones desactivadas, entre otras cosas porque su funcionamiento tampoco nos agrada demasiado…

Pero creo que la decisión es mucho más incomprensible si tenemos en cuenta los pasos previos que Facebook había ido dado, especialmente el de la adquisición (a un coste elevadísimo) de WhatsApp.

¿Qué sentido tiene haber comprado a semejante precio una app de mensajería instantánea para sacar a continuación una aplicación prácticamente igual (pero peor y más limitada, lo cual era difícil) cuya única diferencia es el factor contactos?

Porque no nos engañemos: lo único que en sustancia las diferencia es que WhatsApp nos relaciona con nuestros contactos telefónicos mientras que Messenger lo hace con nuestros amigos (y otros) de Facebook (Además de los telefónicos si activamos esta opción y disponen de Messenger…)

Messenger y WhatsApp

¿No hubiese sido más lógico extender WhatsApp, es decir, permitir (sin facilitar nuestro número de móvil) que a través de esta app nos pudiésemos comunicar de la misma forma con nuestros contactos de Facebook?

Esto habría supuesto una enorme ventaja competitiva para WhatsApp frente a otras apps semejantes, como Line, Telegraph, Víber, etc. Ninguna de ellas podría ofrecer un servicio vinculado a Facebook, de manera que pudiésemos converitir nuestra red de contactos en algo inmenso, extensísimo.

Eso sí, dejando en manos del usuario la decisión de vincular o no ambas aplicaciones, de tal manera que quien quisiera mantener la separación pudiese continuar con el anterior formato.

En cambio, ahora, el mundo de Zuckerber ocupa tres aplicaciones diferentes dentro de nuestros móviles, con lo que esto implica de pérdida de espacio para otras apps que nos pueden interesar y que ni siquiera son competencia de Facebook, pero que se convierten en competidoras por la vía de la capacidad del terminal que tengamos.

En mi caso, por ejemplo, ya tenía Facebook, Páginas de Facebook y WhatsApp, y ahora una cuarta app de Zuckerber llenando mi smartphone, no sé muy bien con qué objetivo. No me aporta nada nuevo, salvo que acceder a las conversaciones vía Facebook es ahora más rápido, pero en contrapartida, cuando quiero comunicarme con mis contactos he de saltar de una aplicación a otra. Ya que me obligan a salir, ¿no habría sido mejor llevarme a WhatsApp y haberle dado un impulso cualitativo enorme a esta segunda, poniéndola en ventaja frente al resto de sus competidores?

Pues parece que han preferido escindir y duplicar, y, de paso, enfadar a los usuarios imponiéndoles la necesidad de descargar Messenger para mantener las mismas funcionalidades de que ya disponían…

Desde mi punto de vista, esta no es una buena decisión estratégica. Ni siquiera como paso previo a una futura integración me parece razonable, porque, según la opción que haya escogido hoy cada uno de los usuarios, implicará un cierto grado de rechazo futuro a esa hipotética fusión, además del esfuerzo intermedio de mantener en el mercado a un nivel elevado de usabilidad y satisfacción dos apps semejantes.

Derechos de la imagen: Janitors

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