El Big Data ya está presente en la gestión global de la información, es indudable que tiene millones de ventajas y tan cierto como que esas ventajas compartan infinitas concesiones desde el punto de vista de la intimidad.

La capacidad predictiva del Big Data es sin duda, el elemento crucial, el lado mas rentable para las empresas y el mas costoso desde el punto de vista de la privacidad.

No son pocos los que al hablar de Big Data aluden al espionaje digital y no se equivocan. El Big Data se parece a un gran hermano gigante que todo lo ve, todo lo sabe, todo lo instrumenta.

La privacidad en la era del Big Data se convierte en papel mojado, casi una utopía.

La cara menos amable del Big Data

Saber es poder y el poder tiene un precio.

El precio a pagar  es la pérdida de intimidad y la estigmatización.

Gracias al Big Data, las aseguradoras pueden estimar las primas de los seguros en función de los hábitos de compra.

Si un ciudadano tiene especial simpatía por la comida rápida, no consume ropa deportiva y exhibe hábitos nocturnos poco saludables, la prima de su seguro de vida será mucho mas elevada que alguien que tenga hábitos de compra que indiquen una vida saludable. Todo queda registrado en sus movimientos bancarios, todo es engullido, masticado y desmenuzado por el Big Data.

Lo mismo ocurre con bancos, empresas y el gobierno.

Todo lo que hacemos deja un registro:

  • Las compras con tarjetas de crédito
  • Nuestras publicaciones en redes sociales
  • Nuestros hábitos de navegación
  • Nuestras búsquedas
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Todo ello conforma un perfil muy completo que permite anticipar conductas y comportamientos, un aliado de valor incalculable para acciones de marketing, un arma cuestionable desde el punto de vista de la privacidad y la segregación que puede generar esa información.

Los bancos utilizan toda nuestra información financiera para ofrecernos productos y servicios y también para colarnos productos tóxicos (véase preferentes) e inversiones de alto riesgo, justamente, por no ser inversores y ser casi analfabetos financieros. Ellos lo saben, habemus negocio.

Este es el doble filo del Big Data, ni bueno ni malo per se, todo depende de la ética de quien lo gestiona o administra.

La ética del Big Data

Con el Big Data las empresas pueden aglutinar todo tipo de datos cruzados sobre consumidores y posibles clientes y establecer perfiles comportamentales.

Esta información les permite acceder a sus preferencias y necesidades y anticipar comportamientos a modo de Minority Report y aquí es donde se presenta el conflicto y la paradoja de la ética:

Para satisfacer a mejor a nuestros clientes necesitamos conocerlos mejor y para ello, es necesario espiarlos y meternos en su dormitorio.

Es así como se producen situaciones rocambolescas, como la de la empresa que empezó a mandar cupones de descuento para artículos de bebé a una adolescente de 17 años sin que sus padres supieran que estaba embarazada. Las búsquedas de la adolescente en las redes revelaron su estado a las empresas de publicidad que no tardaron en enviarle publicidad específica.

Tras el desconcierto de los padres y comprobar que los usuarios no respondían bien a esta facultad “adivinatoria” de las empresas, decidieron que debían mezclar esos cupones para embarazadas con otros, comprobaron que la estrategia era mas efectiva si las personas no se sentían espiadas, así que la clave del éxito es saber pero sin que se note para no generar recelo en los usuarios.

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Por eso, Janet Vertesi y su pareja, en su intento por mantener la discreción de su embarazo, descubrieron que debían comportarse como narcotraficantes o delincuentes si querían ocultar esa información a las redes (comprar solo en efectivo, utilizar el buscador Tor, no publicar nada en redes sociales, etc) Tenían que moverse en la clandestinidad para no ser percibidos por el gran hermano Big Data.

La ética de las empresas es el factor decisivo que marca la distancia entre el beneficio y el peligro del Big Data. Puede ser un gran aliado o nuestro mayor enemigo dependiendo de quien esté detrás.

La era del Big Data parece ser incompatible con la era de la Privacidad.

Lo mismo ocurre con la selección de empleados.

Las empresas ya disponen herramientas y programas para cruzar toda clase de información sobre candidatos que les permiten saber si será un trabajador estable o no, si sus presupuestos serán modestos o desmesurados y un sinfín de variables que pueden suponer estigmas insalvables para muchos trabajadores, sin que sean necesariamente reales o rigurosos.

La ética de las empresas es el factor decisivo que marca la distancia entre el beneficio y el peligro del Big Data. Puede ser un gran aliado o nuestro mayor enemigo dependiendo de quien esté detrás

Por ejemplo, un programa relaciona la cantidad de redes sociales que utiliza un candidato  y el uso de diferentes navegadores para establecer que ese candidato no será estable. No parece que obedezca a un criterio rigurosamente científico pero sí rigurosamente nefasto para ese candidato.

¿Y que pasaría si los centros escolares o las universidades también empiezan a hacer uso de la tecnología Big Data?

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Mas peligros del Big Data

No podemos olvidar el riesgo que supone el manejo de ingentes cantidades de información para las empresas, el Big data.

Muchas empresas no ponen medios para evitar daños de posibles Malicious Insiders, es decir, empleados o personas ligadas a la organización con acceso a toda esa información.

Chema Alonso en su post“Los malicious insider y el control de cuentas privilegiadas” analiza los riesgos internos de las empresas .

A mayor información, mayores amenazas, internas y externas. Si ya está comprometida nuestra intimidad en las empresas que utilizan el Big Data, imaginemos como lo estaría si esa información es sustraída por empleados o hackers, que nos pille confesados.

Imagen: Rob

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